lunes, 20 de abril de 2015

¿Por qué odiar un lunes?

Nunca he sido el tipo de persona que va por la vida quejándose acerca de madrugar un lunes, o de cómo tristemente se acabó el fin de semana. Creo que mis dolencias van más relacionadas a mis traumas con perder el tiempo y un ritmo de vida agitado.

Debo confesar, para iniciar, que no me molesta un lunes, de hecho prefiero un lunes a un domingo ¿Por qué? Porque los domingos son absurdos, rutinarios, lentos y aburridos; mientras que los lunes, a pesar de que sí son una mamera, tienen la actividad del mundo, que no se queda quieto y que con su locura nos lleva cada día un poco hacia adelante.






Realmente lo más triste de un lunes no es que sea lunes, sigue siendo un día "productivo" igual que un miércoles o un jueves. El pecado del lunes es ser el día que mate el ocio y el vicio detrás de un fin de semana. ¡El lunes es el día que nos deja sin pereza, sin tiempo libre y sin  salidas! para dejarnos en cambio con frustración, mala onda y unas ganas infinitas de volver pronto a casa.

En el mundo de la publicidad un lunes es comparable a un Brief mal redactado o a un cliente diciendo "¿Por qué no juntamos los dos caminos de las propuestas?". En el mundo del diseño es sencillo porque los lunes son los días en los que, después de haberte clavado todo un fin de semana trabajando, un cliente o un director va a hacer todos los cambios que desee en tu diseño.

Pero a pesar de todo lo malo que rodea a un lunes, también hay cosas buenas. Como por ejemplo, lo lunes son los días en los cuales vuelves a ver a la gente con la que trabajas, con la gente con la que compartes una pasión y que de cierto modo comprende tus dolencias y tus pasiones.

Así que empecemos por mirar que un lunes puede ser una oportunidad para compartir más con las personas que tenemos cerca y para aprovechar el "es lunes" para tomar las cosas con calma y así esperar al martes, que con toda sinceridad, es mucho menos doloroso.

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